Desde que llegó a Nueva York, Marisol se acostumbró a ir al supermercado todos los domingos. Como en otros aspectos de su vida, a ella le gustaba seguir una rutina que difícilmente alteraba. Todos los domingos llevaba a sus dos hijos al parque y luego entraban al súper a comprar la despensa. Siempre iba a una tienda que le quedaba cerca de donde vivía.
En el almácen, Marisol también seguía una ruta específica. Primero pasaba a la barra de ensaladas y comida preparada de la cual se llevaba varios alimentos en recipientes de plástico. Seguía al área de quesos y embutidos en donde, a sus hijos y a ella, siempre les daban muestras a probar. Continuaba con la panadería para llevarse galletas y pan de dulce.
Posteriormente, iban por los frascos de mermeladas, cajetas y mantequilla de maní que le gustaban a sus hijos. Si todavía no tenía suficiente para la semana, compraba carne o pollo y pasaba por frutas y verduras antes de hacer la fila de la caja registradora. Ahí, sus niños tomaban las golosinas que se les antojaban. La cuenta siempre resultaba mucho más de lo que Marisol esperaba y al salir de la tienda se prometía gastar menos el próximo domingo, pero era una promesa que nunca cumplía por lo que siempre estaba apretada de dinero.
Marisol le platicó a su amiga Teresa su rutina para comprar la despensa. Teresa le contestó que estaba cometiendo varios errores que le costaban no solamente gastar dinero de más sino también comprar alimentos que no son nutritivos para su familia. En primer lugar, siempre hay que ir a la tienda después de comer para comprar los productos que realmente necesitas y no los que se te antojen. Llevar a los hijos después del parque también era un error porque llegaban con ganas de golosinas y postres. Acudir siempre a la misma tienda significa que no tienes oportunidad de comparar precios y aprovechar ofertas de otros supermercados.
Asimismo, comprar primero de la barra de ensaladas y comida preparada provoca que ya no lleves carnes, frutas y verduras frescas que son mucho más económicos y saludables. Por otro lado, adquirir los quesos y embutidos que te dan a probar no es lo óptimo porque las tiendas te ofrecen los productos más caros o los que llevan más tiempo en sus refirigeradores ya que son los que quieren vender más pronto. Y hay que tener cuidado con los artículos que las tiendas colocan cerca de la caja porque es fácil caer en la tentación mientras haces la fila. Finalmente, Teresa le recomendó a Marisol hacer una lista de los alimentos que necesita para la semana y hacerse el propósito de no comprar nada más. De esa manera iba a ahorrar mucho dinero y alimentar mejor a su familia.
Recuerda que para ser Migrante rico, hay que evitar comprar de más en el supermercado.
*Adrián Franco es especialista en educación financiera para migrantes.
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