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En parte de la Sierra Gorda, en los límites con Querétaro, yacen inservibles restos de tuberías, medidores y sistemas de bombeo instalados para dotar de agua potable a comunidades indígenas y núcleos agrarios de Hidalgo, que aún padecen desabasto a pesar de que durante la inauguración de esas obras, el entonces gobernador priísta Francisco Olvera Ruiz las presentó como actos de justicia social, reportó La Jornada.

La localidad indígena de Xajhá y otras del municipio de Zimapán siguen sin suministro pese a que la Comisión Estatal del Agua y Alcantarillado (CEAA) instaló infraestructura con recursos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), como parte del Programa de Sostenibilidad de los Servicios de Agua Potable y Saneamiento en Comunidades Rurales 3 (Prossapys).

En el folleto de resultados del Prossapys 3, elaborado por la Conagua, se informa que el proyecto costó 500 millones de dólares, la mitad de los cuales provinieron de un préstamo que el gobierno federal adquirió con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el 28 de junio de 2011.

En el documento no se especifican los montos asignados a cada estado. En Hidalgo el gobierno federal entregó los recursos directamente a la CEAA, que emitió la convocatoria para la construcción del Sistema de Agua Potable de Infiernillos y fue publicada el 29 de agosto de 2013 en el Diario Oficial de la Federación.

De acuerdo con las reglas de operación del Prossapys 3, que aparecen en el folleto de resultados, el objetivo del programa era llevar agua potable y saneamiento a comunidades rurales menores de 2 mil 500 habitantes, preferentemente con alto grado de marginación.

La infraestructura fue instalada, pero no funciona.