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Terminó el Mundial de Clubes con la muy esperada coronación del Real Madrid, la revelación del aguerrido equipo japonés Kashima Antlers, un tibio cuadro colombiano como el Atlético Nacional representando a Sudamérica y un América desconcertante que es superado por los rivales en largas fases del juego, aunque a base de riñones logra componer la situación. Esto hablando de los cuatro primeros lugares porque los demás asistentes, la verdad, no competirían siquiera ante nuestros esforzados chamacos llaneros.

En el evento se puso en práctica la ayuda tecnológica para los árbitros, con tres asistentes de video además de la cuarteta que funge normalmente como conductora reglamentaria del partido.

Esto sería como para aplaudir como focas, sin embargo, me parece que la FIFA ha actuado de forma precipitada y poco responsable.

Primero que nada, es increíble que a un torneo de esta magnitud se lleve solo a un árbitro estelar, es decir, con experiencia mundialista y de todas las confianzas como lo es el húngaro Viktor Kassai. El resto, incluido nuestro compatriota Roberto García Orozco, son de segunda fila. Pero esto adquiere proporciones alarmantes cuando a sus mejores partidos, o sea tercer y cuarto y la gran final, puedas designar jueces desconocidos y francamente muy malos como Nawaf Shukralla de Barhein y a Janny Sikazwe de Zambia. Juro que me doy.

En segundo lugar, fue precipitado que sin ningún ensayo previo las huestes de Massimo Bussaca, mandamás de los silbantes a nivel internacional, se hayan aventado a la aventura así, sin más.

Obvio, el ensayo resultó un merengue. La jugada más “revisable” de todas, era el penal que el guardameta Armani le cometió a Rubens Sambueza cuando las Águilas perdían 1-0. El árbitro piensa que jugó el balón, pero el video demuestra que le pegó un patadón, aunque a los nazarenos del televisor, dicha acción les pasó de noche.

Las fases del juego que están sujetas a revisión son el gol, (si entró o no), el penal, la expulsión y la identidad del jugador. Al revisar el video, el trío de la cabina deberá avisarle al juez central y este a su vez, puede ejecutar dos acciones, a saber: Hacerles caso a la primera y modificar su decisión o ir a cerciorarse viendo la tele para entonces ver si se queda con el juicio inicial o lo cambia.

También sería bueno recordar que la tecnología aplicada a estos menesteres se encuentra en fase experimental. Se le pueden añadir cosas, permitir, por ejemplo, algún desafío por parte de los entrenadores o incluso, luego de los ensayos, llegar a la conclusión de que el futbol debe seguirse jugando y juzgando como hasta la fecha.

Se supone que la Liga MX será “conejillo de indias” en este laboratorio futbolero y arbitral. Ojalá no se mandé a los muchachos a la guerra sin fusil.