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Por Michelle Mendoza

@michzal

En ocasiones, en la vida de un ser humano es difícil encontrar la vocación dónde desbordar toda la pasión y entusiasmo que el cuerpo puede soportar. A veces, las contradicciones del contexto o la vida social, pueden parecernos las directrices de lo que “somos” o de lo que “debemos hacer”. Tal vez, en otro tipo de circunstancias, son éstas las que “dirigen” nuestro andar en la vida, e incluso se puede llegar a pensar que no tenemos escapatoria. Nada más equivocado.

Una persona se determina con base en lo que piensa e investiga, según su convicción y su curiosidad hacia el mundo que lo rodea, así como las acciones que realiza en función de la mejora individual y comunitaria, ejemplo de ello, es la mexicana, tenor e investigadora, Esther Gurrión, quien en entrevista con el Diario de México USA, externó su sentir respecto a su vida profesional, así como su percepción sobre lo que significa hoy en día ser un inmigrante.

La música, su primera lengua

Esther Gurrión es originaria de Juchitán, Oaxaca, donde creció en una pequeña y colorida casa ubicada frente a un río. El entorno pintoresco y musical de la comunidad la acompañó durante sus primeros juegos, que según ella “eran eso, hacer música”.

Con el arte y la música como compañeros de vida, Esther migró de Oaxaca para estudiar en la Universidad de las Américas de Puebla, donde en las primeras clases de canto y de historia de la música, se dio cuenta que la ópera la cautivó principalmente por “las historias que cuenta y por lo que se siente cuando cantas ópera, que es muy diferente a otros géneros”.

De la mano de profesores que supieron encauzar sus dotes artísticas, Esther se graduó en un pequeño foro de la universidad donde fue acompañada de una orquesta profesional así como de un director, experiencia que en la actualidad aún le conmociona.

De igual forma, a partir de ese momento, su postura respecto a la ópera fue clara: “un cantante de este género es un artista de alto rendimiento porque necesita condición, disciplina y perseverancia. Cuando descubrí la primera vez que vocalicé en este tipo de técnica me impresioné, pues la potencia de la voz es increíble. Es fascinante darse cuenta del poder que vive dentro de nosotros, me hace pensar que puedo volar”.

Experiencia en la Gran Manzana

Después de pasar un periodo dedicada a la investigación y al impulso de proyectos artísticos, Esther decidió retomar su más grande pasión: el canto.

Y fue precisamente un programa en Nueva York que tuvo lugar el verano del año pasado, donde regresó a los escenarios acompañada por jóvenes artistas que al igual que ella provenían de otras partes del mundo.

Participó en el Carnegie Hall con una serie de conciertos de música mexicana y en el Lincoln Center con selecciones de ópera.

En palabras de Esther, su experiencia en Nueva York, más allá de lo que aprendió en su carrera, fue por la ciudad misma y su multiculturalidad que la conmovieron ya que la metrópoli es idónea para hacer amigos y conocer gente con “sólo sacar la bandera. Además, todos los que llegamos de otros países tenemos una nostalgia en común”.

Inmigrante que vuela

Para Esther, más allá de las políticas migratorias que en la actualidad se están ejerciendo en los Estados Unidos, los inmigrantes son triunfadores y una comunidad que se forja con la valentía como su principal virtud, pues no es sencillo salir de un país para intentar integrarse a otro contexto lejos de lo conocido.

A su manera de ver, el discurso nacionalista está por demás agotado, y más en un momento como el que vivimos, donde una ciudad como Nueva York funciona gracias a los componentes interculturales que en ella conviven y donde se desarrollan. Por lo cual, Esther afirma que “el inmigrante mexicano es exitoso cuando decide cruzar fronteras más allá de las físicas para superarse en todos los niveles con valentía y esfuerzo”.

Hablando específicamente sobre los jóvenes “dreamers”, que tienen una ambivalencia cultural, Esther reconoce que “es difícil tener alas y raíces”, porque una persona que vive y se desarrolla en un contexto diferente al que existe en su lugar de procedencia desea crecer y vivir en ese entorno, pero también le interesa conocer y no desapegarse de los orígenes, su procedencia y de sus antepasados.

“Todos somos un mar de cosas y siempre tendremos esa característica y esencia que nos hace mexicanos. Invito a los jóvenes soñadores a que se descubran en muchas partes, que pregunten sobre sus raíces, para que sepan qué los constituye en generaciones atrás y así enriquezcan su espíritu”.

Proyectos en puerta

Este año, Esther tiene varios proyectos en México y Barcelona, donde estará presentándose en recitales de ópera y algunas temporadas en recintos culturales. De igual forma, continuará con la gestión y difusión de proyectos artísticos para desmitificar a la ópera y acercarla a la comunidad, ya que finalmente la temática del género trata sobre situaciones comunes que todos conocemos.

Esther no descarta regresar a Nueva York y presentarse de nuevo en el Carneige Hall o bien cantar en la sala Nezahualcóyotl de Bellas Artes; sin duda, gracias a su enorme talento, esos deseos como tantos otros se harán realidad.