compartir en:

Por Luis Hernández Martínez*

No escribiré sobre Trump más allá de la presente columna. ¿Por qué? Porque a personajes con su perfil la única estrategia efectiva es enfrentarlo, combatirlo sin temores y/o complejos. Y para ello son necesarias –al menos– dos características: valentía y honorabilidad; así, por las buenas.

Y por las malas con sus mismos modos: “[…] crear problemas para ver cómo actúan mis interlocutores, y si son débiles los aplasto, si son fuertes negocio con ellos” (según un libro que escribió –dicen– junto con el periodista Tony Schwartz en los años 80).

Así que más allá de las plausibles campañas de unidad nacional organizadas en redes sociales (pertenecientes a empresas estadounidenses, por cierto), bien haríamos los mexicanos en trabajar con ética y honor entre nosotros. Superar el “softactivismo” y comportarnos en nuestros actos cotidianos como exigimos que deberían actuar los funcionarios públicos que ejercen funciones de gobierno.

Que nuestro reclamo ciudadano transite del ciberespacio al mundo real –materializado en ejemplos cívicos verificables– tiene que ser el paso número uno. De lo contrario solo practicaremos una política cómodamente ineficaz, segura e inocua.

La creencia de que hacer clic en una petición de Facebook cuenta como acto político es un sofisma en naciones como México. Hoy, la política y el poder avanzan por separado. En la actualidad la voz cantante la lleva el poder económico, libre de control político e independiente para organizar gobiernos y dirigir naciones.

La Política (sí, con “P” mayúscula) agoniza. El concepto de Nación-Estado enfrenta una crisis que luce insuperable. Así que opinar, escribir y hacer clic sobre la importancia de la unidad nacional, sin actos comprobables de combate a la desigualdad social, solo me llevan a pensar que el “extraño enemigo” ya no es tan distinto a nosotros los mexicanos. Vive con nosotros, dormimos con él (con ella), nos mira desde el espejo.

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.