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Por: Vivian Echemendía:- En medio de la retórica antiinmigrante que se vive actualmente en Estados Unidos, fue una inmigrante mexicana, beneficiaria del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), residente de Arizona, una de las 30 mujeres en la lista “30 de menos de 30” de la revista Forbes, que reconoce la labor social y activismo de 30 mujeres jóvenes en el país.

La mexicana Reyna Montoya, originaria de Tijuana, contó al Diario de México USA que ella llegó a Estados Unidos hace 14 años, cuando tenía apenas 13 años.

“Ya de por sí es difícil tener trece años, ahora imagina vivir en un estado distinto”, recordó la inmigrante.

Montoya cuenta que a sus 10 años se mudó junto con su familia a Nogales, Sonora, escapando de la violencia que se vivía en Tijuana.

Durante tres años, Reyna viviendo viajando de Nogales a Arizona, Estados Unidos y de Arizona a Nogales, donde acudía a la escuela. Ella cuenta que era bastante difícil, pues al estar yendo de un lugar para otro no se sentía en casa en ninguno de los dos.

Poco después de que cumpliera los 13 años, en el año 2003, el papá de Reyna pudo comprar una casa en Arizona, y fue entonces cuando la familia Montoya migró definitivamente a Estados Unidos.

Reyna recuerda que a su llegada a Estados Unidos, su vida se tornó muy difícil, pues en México ella siempre fue una estudiante con muy buenas calificaciones, además de que participaba en diferentes actividades extracurriculares, sin embargo, al llegar a un país desconocido, Reyna se sentía frustrada, pues al no conocer el idioma ni siquiera podía hacer sus tareas por su cuenta.

Por otro lado, Montoya recuerda entre risas que tuvo que aprender inglés muy rápido, pues sus profesores eran originarios de China, Rusia y Afganistán, por lo que no podía comunicarse con ellos más que en inglés. El siguiente momento más difícil para Reyna desde su llegada a Estados Unidos, fue cuando terminó la preparatoria, pues era frustrante no poder recibir algunas becas universitarias que le correspondían por sus buenas calificaciones. “Cada vez más puertas se cerraban”, recordó la mexicana.

Sion embargo, Reyna recuerda y agradece que sus papás siempre se movieran para asegurarse de que asistiera a la escuela.

Más tarde, Montoya logró conseguir una beca privada en una universidad en Arizona, lo que le permitió continuar con sus estudios.

Asimismo, uno de los momentos más difíciles para ella fue cuando empezó  llamada Iniciativa de Seguridad Fronteriza (SBI), la cual trajo consigo un clima altamente inmigrante.

A partir de aquel entonces, Montoya, entre muchos otros miembros de la comunidad inmigrante, temían sólo de pensar en manejar y, desde luego, vivían cada día la incertidumbre de sí sería la última vez que veían a sus familiares.

Fue en ese momento cuando Reyna se dio cuenta que eso no estaba bien, y que debía involucrarse, que tenía que hacer algo.

En el año 2010, la mexicana se involucró con el movimiento estudiantil de los dreamers, desde entonces empezó a pelear por sus derechos y los derechos de todos los jóvenes inmigrantes.

Más tarde, en el año 2012, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) arrestaron a su papá en un aeropuerto luego de que le preguntaron si era ciudadano y él dijo la verdad.

El padre de Reyna estuvo detenido durante nueve meses, los cuales fueron de dolor, miedo e incertidumbre para toda la familia Montoya.

Reyna asegura que en aquel entonces ella ya estaba muy involucrada en el tema, por lo que ya sabía cómo realizar el proceso legal, así como cómo sacarlo con un buen abogado.

“Pero no sabía cómo procesar mis emociones de no saber si estaba comiendo bien o en qué condiciones estaba viviendo”. Reyna sólo podía hablar con su papá por teléfono durante escasos 15 minutos, los cuales usaban para hablar principalmente del caso legal. Fue entonces cuando Reyna se dio cuenta que había mucho más allá que los asuntos legales para los indocumentados en Estados Unidos, pues no había nada que los ayudará a procesar sus emociones tras las separaciones de familias.

“A mí lo que me motiva es mi familia primero que nada, y todos los niños y jóvenes que tienen una esperanza de que pase lo que pase podemos hacer el cambio, y por medio del arte podemos procesar las emociones en comunidad, ellos pueden ver que tienen voz y que esa voz vale”, dijo la dreamer.

Fue entonces cuando la activista mexicana decidió crear su fundación “Aliento”.

“La razón por la que decidí fundar Aliento es por mi propia experiencia de ser indocumentada y tener a mi papa detenido; yo ya había estado involucrada, pero no tenía un lugar donde ir y procesar sentimientos psicológicos y emocionales. Es difícil la incertidumbre, y eso causa impacto severo en el desarrollo de niños, jóvenes y cualquier otra persona”, explicó Reyna. “Es un lugar donde no solo peleen por sus derechos sino para crecer a nivel emocional e imaginarse un futuro diferente”.

Además de sus estudios universitarios, Reyna estudió danza contemporánea moderna, actividad que la ha ayudado a salir adelante emocionalmente.