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Noah Tindle, es un niño recién nacido que casi pierde la vida a causa de un herpes que le fue contagiado, tras recibir cientos de besos en el ojo por parte de los invitados a su fiesta de bautizo.

Esto ocurrió en South Yorkshire, Inglaterra. Fue la misma madre del pequeño quien fue la primera en percatarse que algo no estaba bien con la salud de su hijo, quien notó que días después de la fiesta su hijo tenía el ojo derecho inflamado y no dejaba de llorar, por lo que al llevarlo al médico, quienes tras una valoración creyeron que solo se trataba de una obstrucción en su lagrimal.

Pero, el diagnostico inicial fue incorrecto pues conforme pasaban los días la salud del menor no mejoraba, por lo que tuvo que ser llevado nuevamente al hospital, donde después de realizarle varias pruebas, los médicos certificaron que el niño había contraído el virus del herpes simple (HSV-1), más conocido como el “beso de la muerte”.

“El virus estaba en su párpado, pero logramos detectarlo antes de que pudiera entrar en el torrente sanguíneo, aunque no pudo abrir los ojos durante días”, declaró la madre.

El menor fue tratado con antivirales y después de varias semanas le recetaron varios medicamentos.

De acuerdo con los especialistas, el herpes labial no es dañino para los adultos, pero puede resultar fatal para los bebés, debido a que puede propagarse al cerebro y provocar un fallo orgánico.

La madre del menor decidió compartir su historia para hacer consciencia para las demás personas sobre los peligros de besar a los niños recién nacidos.

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