compartir en:

Después de casi perder la vida en una historia de terror, una mujer de Kenia ha decidido alzar la voz y compartir su historia para evitar que más mujeres de este país africano sean víctimas de maltrato doméstico que en ocasiones termina en feminicidios o les deja marcas de por vida que jamás podrán olvidar. 

De acuerdo con las declaraciones de Jackline Mwende, la mujer keniana, aseguró que su calvario comenzó hace más de siete años, cuando tuvo que abandonar el octavo grado de la escuela por que sus padres ya no tenían recursos para financiar su educación. 

Por lo que conoció a Stephen Ngilacon quién inició una relación y tan sólo dos años después decidido casarse en una iglesia cercana. 

Sin embargo, poco tiempo después comenzó su calvario al ser señalada por su marido como una mujer “infértil”, por lo que comenzó a agredirla física y verbalmente. 

Pero debido a que un sacerdote le pidió “luchar por su matrimonio” y “rezar por su marido”, ella no optó por seguir aquel consejo. 

Hasta el momento en el que asistieron a una clínica especializada, donde les aseguraron que Mwende, estaba en condiciones de concebir en cualquier momento, sin embargo, Ngila era quién requería de un tratamiento para poder engendrar un bebé. 

Situación que agrando el problema pues según Jackline desde ese momento su pareja se volvió más agresivo y comenzó a beber muchísimo, hasta el grado de abandonarla. Por lo que ella decidió, vivir una aventura y quedar embarazada de un “amigo” que aceptó las condiciones de la mujer: 

"Fue el sábado 23 de julio, y después de pasar un tiempo con el otro hombre, volví a casa, donde vivía sola porque mi esposo se había ido tres meses antes". 

Pero la felicidad le duro apenas un día ya que ella aseguró que la noche del 24 de julio, Stephen, entro en la casa sumamente alcoholizado y diciendo que “esa sería su última noche”. 

De inmediato la comenzó a golpear con un machete, en la cabeza y cara principalmente, pero después le corto completamente una mano y la otra la dejo colgando. 

Cuando algunos vecinos escucharon los aterradores gritos de la mujer, marcaron a las autoridades quienes arribaron al lugar. 

Cuando Mwende, llegó al hospital moribunda, los médicos le salvaron la vida, pero nada pudieron hacer por sus manos, las cuales le fueron amputadas. 

A pesar de que los hechos ocurrieron en 2016, las autoridades y asociaciones civiles que luchan por los derechos de las mujeres en África han optado por mostrar la historia de Jackline como un estandarte y un emblema de que se puede dejar todo atrás y comenzar desde cero. 

Finalmente, Mwende fue apoyada por el gobierno y las asociaciones quienes le donaron dos prótesis de manos para que pueda trabajar y sacar a delante a su pequeño hijo.

No